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Del escritor imaginario y otras vainas

Del escritor imaginario y otras vainas

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Andrés Santillán Brito

"Economista graduado de la PUCE. Escritor.
Cursando un máster en La Nouvelle Sorbonne Paris 3 IHEAL"

Artículo publicado en la Revista Kula # 7,de Antropología de la PUCE,2016 

En una tarde de sábado, me encontraba chuchaqui conversando con un amigo escritor, me contaba que otro pana en común le había preguntado para qué escribe. Después de hablar sobre el destino de la humanidad en un futuro incierto y postapocalíptico, e imaginarnos cómo hubiese sido invitarle a comer un encebollado a Jorge Luis Borges, caí en cuenta de que la condición o naturaleza humana es compleja y contradictoria. Hay muchas razones, pero no sé por qué uno termina escribiendo y peor para qué. Estas interrogantes me recordaron que hace poco vi una película titulada Un secreto en la caja (les recomiendo verla, tiene sus errores pero es alhaja), que trata de la vida de un mítico escritor ecuatoriano llamado Marcelo Chiriboga y sus periplos hasta el final de sus días. Lo que me quedó de la película es que los discursos manejados por los gobiernos, que históricamente han ostentado el poder en este país, han tratado de imponer una identidad ambigua, mestiza, con atavismos coloniales, un tanto excluyente y arbitraria, en definitiva, inventada.
Otra de las cuestiones de la película, a mi parecer, era cómo generar unidad en la diversidad con una parte del territorio ecuatoriano en pugna con el Perú hasta la última década del siglo pasado. Pasamos del odio a los peruanos (uno de mis mejores amigos es peruano y me contagió el gusto musical por la salsa) a la baja autoestima del migrante en un contexto de crisis financiera y aplicación de políticas neoliberales, luego al Sí se puede del fútbol para encontrarnos con estos casi diez años de Revolución Ciudadana y su interpretación del Buen Vivir y el publicitado Ecuador ama la vida. En una parte de la película, Marcelito argumenta que “escriban como si no tuvieran un país”, esto me generó más dudas.
El aprieto de alguien que se enfrenta al ámbito laboral y está insertado en las ciencias sociales, que considera que al consabido sistema capitalista no hay chance de humanizarle y solo se generan parches (la crisis ecológica empeora), mientras siguen lucrando algunas élites que se renuevan y se hacen herméticas, es que propuestas alternativas, a mi modo de ver, desde una nueva izquierda caen en formas panfletarias o en eclecticismos en donde los que se consideran más revolucionarios o críticos de todos los colores juzgan no aplicables a una realidad que ellos dicen comprender mejor. ¿Entonces qué? ¿Qué propones? ¿Cuál es la salida? Pues aludo a Enrique Vila-Matas, que cita una contundente línea del relato Llamadas telefónicas de Roberto Bolaño y dice: “B también piensa que el callejón no tiene salida”. Tanto rodeo y no voy al grano. La razón, más que rayar en lo absurdo o esnob, es que se necesita del arte (no voy a definir qué es arte) para generar transformaciones profundas en una sociedad cambiante y en vías de desarrollo (concepto en debate).
Se puede redistribuir los ingresos, la riqueza (ojalá sucediera) y hasta los medios de producción, pero si la cultura se estanca y no muestra el sentir del conflicto  humano contemporáneo y su búsqueda de justicia social, libertad, entre otras cosas, en efecto hay algo que hace falta problematizar o visibilizar. Tampoco hay que caer en romanticismos, ni ver a la racionalidad como una forma de vanidad autodestructiva del ser humano. La lucha es día a día, como el alcohólico que trata de dejar de beber, y en ese caso nosotros mismos nos encargamos de salvarnos, no ese ser mesiánico del púlpito y de la tarima (o de la cantina); porque para algunos es una lucha por una propuesta todavía en construcción, limitada por el tiempo y en ciertos casos el presupuesto, dejando la apatía y el sin-sentido de la novelería de creerse único o muy bacán.
La frustración que percibo en algunas partes, a la mitad de esta década, y que arrastra guerras y genocidios anteriores, es que después de la caída del muro de Berlín hay como un chuchaqui de utopías. Pienso que hay que aprender a leer las señales de nuestro tiempo. El controvertido escritor francés, Michel Houellebecq, comenta en una entrevista que se necesita de un nuevo discurso honesto y positivo; a mi forma de ver, que sustente una nueva utopía social o algo que unifique sin homogenizar. Considero en este sentido que, en la disputa todavía latente entre ciencia y religión, pueden aflorar viejos fanatismos y fascismos en un mundo cada vez más globalizado y vertiginoso; por ende, la pregunta es: qué filtro o criterio tenemos para tamizar o discernir toda la oleada de información que nos llega o hace falta. El arte puede ayudar a sensibilizarnos y comprender toda esta fanesca mediática que, al menos a mí, a ratos me confunde y agobia. La lógica del mercado ha permeado en todo ámbito de la vida cotidiana, no hay recetas para afirmar que algo en específico vaya a cambiar nuestra percepción. Puede ser un libro, pintura, canción, película, etc. Nos debatimos entre lo popular (puede ser marginal) y académico, lo que Humberto Eco detalla como los apocalípticos e integrados. 
Entonces escribir no va a cambiar al mundo, pero siquiera mete el dedo en la llaga para analizar un par de cosas que más que ser útiles nos abren los ojos. Por tanto, escribir es una necesidad, una irrefrenable fuerza interior de expresión, de sacarse esa pica o astilla, y pueda que alguien escuche ese susurro que, por obra de la voluntad y decisión, se convierta en grito y a veces en acción. Retomando a Marcelo Chiriboga, hay una pintura de Paul Gauguin llamada ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?, que me invita a reinterpretar la película. Es así que para proponer un proyecto (ya sea político) a largo plazo, primero deberíamos interrogarnos algo tan fundamental como lo anterior, y de ahí sacar un par de certezas, porque una mentira en un punto no puede ser salvada con otra mentira, pues está en juego la vida misma. Creo que ahí está el secreto.

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Bibliografía:

Parra, I. (Productora), Izquierdo, J. (Productor y Director). (2016). Un secreto en la caja [Película]. Ecuador: Caleidoscopio Cine.

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